
Desde el rincón sosegado de mi vespertino amor
dejo que recorras mi desnudez
con manos aladas que suave acarician
como pétalos sedosos
la redondez de mis pechos
y viajan por esas palomas inquietas y tibias
que aguardan tu amoroso beso.
Sostiénelas, antes que su estumecido despertar
agote su aire, y vuelen, vuelen lejos.
Observa con tu atenta mirada
tras el cristal, antesala de tu deseo
como rubolrizan su descanso
y cubren su salvaje vuelo.
Un día fueron dos ríos emergentes
de atardecido eco y emanaron vida
que dió vida a otras vidas
que hoy ya ni recuerdan
esa dádiva amorosa
de generoso desvelo.
Guarda en el sitial
que une su callado lamento
de soledad que no sabe
sino de música y espera
de quebrantos y requiebros
un beso tembloroso de tu boca amante
y una caricia, la que en mi desvelo
espero.
Malu de Lujan
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